Artículo publicado en Revista Rumbo Minero (Ed. 166).
El juego “Werewolf” tiene su origen en “Mafia”, un juego creado en 1986 por Dimitry Dimma Davidoff con el objetivo de explorar y comprender mejor las dinámicas sociales y de grupo. Consiste en asignar roles a un grupo de personas; unos son aldeanos, otros son lobos. Los lobos buscan eliminar a un aldeano cada noche y, al amanecer, los aldeanos deben descubrir quién es el lobo para poder sobrevivir. Ganan los aldeanos si descubren quiénes son los lobos, y ganan los lobos si se mantienen en el juego hasta el final. La estrategia de los lobos reside en inducir al error y confundir a los aldeanos. Lo cierto es que, sin la información adecuada, esto no resulta difícil y depende en parte de las habilidades de persuasión de los lobos.
La industria minera no es inmune a esta problemática. Si bien el mundo está cada vez más conectado y, a primera vista, pareciera más informado, lo cierto es que sucede exactamente lo opuesto. Todos los años se genera la misma cantidad de datos que se generaron en los últimos 10 años. Como sociedad, estamos saturados de noticias falsas y resulta cada vez más complejo discernir entre lo veraz y lo falso.
Un reciente estudio de la Sociedad Nacional de Minería Petróleo y Energía (SNMPE) nos muestra el costo que tiene la conflictividad social. El citado estudio señala que la paralización de actividades tiene un efecto directo sobre la producción minera. Tomando esto último como referencia, entre 2021 y el primer trimestre de 2023, el impacto que tuvieron los conflictos sociales para el Producto Bruto Interno (PBI) ascendió a la suma de PEN 6,991 millones. En el año 2021 afectó en 2.4% el PBI y en el 2022, en un 2.7%.
Esto último se ha convertido en una herramienta para desinformar y subrayar erróneamente que la minería no es una industria sostenible y que no es fundamental para el desarrollo del país. Es también uno de los factores que explican el aumento de los conflictos sociales y que, en parte, explican la paralización de varias operaciones mineras.
Por dar un ejemplo de lo que podríamos haber hecho con esta cifra (PEN 6,991 millones), el Plan Nacional de Infraestructura Sostenible para la Competitividad 2022-2025 cuantifica el costo de cerrar las brechas para el acceso básico a infraestructura de salud, agua, saneamiento, entre otros. En ese sentido concluyó que la brecha en infraestructura de agua es de PEN 6,019 millones, es decir, podríamos haber cerrado el 100% de esta brecha si no se hubieran producido estos conflictos. En salud, el costo es de alrededor de PEN 27,545 millones y, por tanto, esta brecha se habría reducido en un 25%. En el caso de saneamiento, la brecha es de PEN 28,819 millones y, por tanto, se habría logrado reducir en un 24%.
Tomando esto como referencia, podemos concluir que los conflictos sociales en minería tienen un impacto sobre la propia sociedad y sobre la capacidad del Estado para cerrar brechas, adaptarse, reducir el índice de pobreza y generar bienestar.
Ahora bien, como industria minera formal, existe la oportunidad de modificar esta tendencia a través de la comunicación. Se tiene que romper con las falsas creencias y percepciones, y esto puede lograrse mediante una comunicación permanente, clara, sencilla, de fácil acceso y actualizada.
Lamentablemente, lo que no se comunica no existe y genera el espacio propicio para que prevalezca la incertidumbre y la desinformación. En ese sentido, es crucial entender también que esta comunicación debe ser constante, articulada e inclusiva a todas las empresas que son parte del sector. Tiene que ser un esfuerzo conjunto.
En resumen, la comunicación transparente y continua es clave para promover una minería responsable y debe ser parte de la estrategia de sostenibilidad de la industria minera en general. La comunicación es una de las herramientas más poderosas que tenemos para evitar que los lobos confundan a los aldeanos.