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El papel de los servicios lingüísticos en los despachos de abogados

Mayo 2020

Stuart Gibbons 

En un sector cada vez más globalizado, con innumerables despachos internacionales y con varias operaciones transfronterizas muy diversas, la disposición de versiones fiables del mismo documento en varios idiomas y un departamento que garantiza la calidad de ese trabajo no tiene precio.

No todos los despachos de abogados cuentan con su propio departamento de servicios lingüísticos, ni mucho menos un traductor entre sus profesionales, el denominado in-house translator. En un mundo como el sector legal, en el que la transmisión del mensaje correcto es fundamental y a la luz de las consecuencias de una confusión dentro de un texto legalmente vinculante, no se puede negar el valor de disponer de un equipo dedicado a la prestación de estos servicios, el cual conoce el despacho, a sus clientes, el estilo de redacción, las ramas de derecho y la terminología preferida. Aparte de eso, al formar parte del mismo despacho, se facilita la relación entre el autor solicitante de la traducción (que suele ser un abogado especializado en un área de práctica específica) y el traductor para la solución rápida de cualquier duda que surja.

Según la RAE, la traducción es la “acción y efecto de traducir”, pero ¿qué significa eso realmente? Podemos resumirlo en la transposición de un texto escrito en un idioma a otro sin perder el significado del original, pero sin trasponer necesariamente las palabras literales de la versión original. Para considerarse válido y correcto, un texto traducido debe provocar la sensación de que sea una obra original en lugar de una traducción, es decir, el lector nativo del idioma al que se ha traducido el texto no debería poder notar que proviene de otra lengua. En ese sentido, le da al traductor la oportunidad de ser creativo, de ahí que la RAE también defina la traducción como “obra del traductor”, significando que, como profesionales, tratamos nuestros textos como si fueran nuestras propias obras de arte, ajustándolos al lenguaje verdaderamente utilizado en la lengua a la que traducimos. Además de las dos definiciones ya mencionadas, el tercer significado de la palabra traducción según la RAE es la “interpretación que se da a un texto”, nuevamente eso permite una cierta creatividad de forma que el traductor puede cambiar el orden de las palabras y la estructura del texto, siempre que no se pierda el mensaje real del autor. La capacidad de ejecutar esta labor se funda en la formación específica de los traductores.

No obstante, los profesionales que prestan servicios lingüísticos en los despachos de abogados no solo traducen textos. Asimismo, pueden ofrecer servicios de interpretación en los juzgados o en reuniones con testigos o clientes extranjeros que no hablan el idioma local, dar sesiones de formación tanto a los abogados como al personal de soporte a fin de mejorar su dominio del lenguaje jurídico y aclarar sus dudas comunes, así como participar en los procesos de selección –por ejemplo, hacer entrevistas, diseñar y corregir exámenes escritos, etc.– para asegurar que los candidatos que desean incorporarse al despacho tienen el nivel exigido. Además, otra ventaja de tener profesionales lingüísticos internos es su disponibilidad inmediata para resolver consultas puntuales. Todo ello ayuda a promover la visibilidad y crecimiento de los servicios lingüísticos en un mundo donde el asesoramiento jurídico siempre va a ser el centro del negocio.

Asimismo, ante la necesidad de externalizar un documento para su traducción, ya sea por la falta de disponibilidad del equipo interno, o por tratarse de una combinación de idiomas que no se cubre internamente, el departamento de servicios lingüísticos sirve para establecer y mantener la relación del despacho con las agencias de traducción o traductores autónomos de confianza. La gestión de dicha relación y el seguimiento de un proyecto externalizado de principio a fin por parte del departamento liberan a los abogados de esas funciones, permitiéndoles concentrarse en sus obligaciones frente a los clientes. Un buen conocimiento del servicio lingüístico permite desarrollar unos criterios objetivos de selección de estos colaboradores externos, como podrían ser la rapidez en la respuesta, la disponibilidad fuera del horario habitual y, en particular, la relación calidad-precio de su trabajo.

¿Qué perfil debe tener un profesional lingüístico interno en un despacho de abogados? Es una pregunta que causa mucho debate, dadas las exigencias de las traducciones jurídicas que precisan de cierta especialización. ¿Es imprescindible haber estudiado derecho, por ejemplo? En definitiva, traducir un contrato de compraventa de acciones, con sus matices y cláusulas complejas, no es lo mismo y exige mucho más conocimiento técnico que traducir un texto básico, como por ejemplo un email corto. Lo más importante es no equivocarse. Existen muchos lawyer-linguists, es decir, personas que han estudiado derecho y traducción, y también otras que estudian derecho pero que al final deciden no ejercer y dedicarse a algo relacionado. No obstante, aunque se considera una ventaja indudable, la verdad es que no hace falta tener experiencia o ser experto del sector legal para empezar a ser traductor en un despacho de abogados. En ese sentido, al no haber estudiado derecho, hay que reunir varios requisitos para desarrollar correctamente la labor de traductor en este ámbito: haber estudiado traducción, naturalmente, tener interés en el derecho, estar dispuesto a leer e investigar profundamente sobre el tema –es decir, ser flexible, teniendo en cuenta la gran probabilidad de que las solicitudes de traducción vengan de todas las áreas de práctica– y, por último, ser capaz de aprender rápido. En los despachos que ofrecen programas de formación legal para sus equipos de soporte, dicha formación también facilita la comprensión de los textos jurídicos.

Tanto si un despacho dispone de traductores internos o no, y sobre todo en el último caso, a veces será trabajo de los propios abogados hacer las traducciones. En ese sentido, ¿qué deberían tener en cuenta los mismos a la hora de traducir? Principalmente, nivel de otros idiomas, principalmente el inglés, es alto en los grandes despachos ubicados en España debido a la exigencia a la hora de contratar nuevos juristas y por las oportunidades que tienen los estudiantes de derecho de irse fuera bajo las iniciativas universitarias como por ejemplo el programa Erasmus. Sin embargo, como ya se ha expuesto, saber hablar bien un idioma no significa que una persona sea capaz de traducir; de hecho, para traducir bien, hay que pensar como un traductor, saber aprovecharse de los recursos a su disposición, como los diccionarios y las webs fiables, y tener la capacidad de diferenciar entre lo que suena mal y lo que parece más natural. Para los abogados, el desarrollo de estas destrezas se realizará con la práctica y la exposición cotidiana a clientes extranjeros, algo habitual en los despachos internacionales. Aun así, las traducciones a un segundo o tercer idioma siempre deberían ser revisadas por un profesional lingüista –y nativo– antes de su entrega al cliente en todo momento.

En conclusión, es fundamental cuidar la buena imagen en los despachos de abogados a la hora de captar y mantener clientes. Aunque es cierto que dicha imagen depende generalmente de la calidad del asesoramiento jurídico y las aptitudes de los abogados para encontrar soluciones innovadoras a los asuntos de los clientes, disponer de servicios de apoyo adecuados como los lingüísticos –además de los departamentos de RRHH, informática, gestión de conocimiento, marketing, etc.– puede aportar un gran valor añadido y ayudar a un despacho a diferenciarse de sus competidores.

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Stuart Gibbons