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Nueva sentencia analizando la naturaleza jurídica del arreglo musical

De la mera transformación a la obra derivada

14/06/2013

El Derecho musical es una de esas parcelas de la práctica jurídica que tiene su propio léxico, que ostenta titulares e infracciones propias hasta el punto de que constituye una entidad autónoma dentro del Derecho de propiedad intelectual. Entre los primeros se encuentran los autores de composiciones musicales –con o sin letra–, los artistas intérpretes o ejecutantes y los productores de fonogramas, realizando todos ellos diferentes funciones en el proceso musical; entre los segundos se incluyen una serie de atentados propios del entorno musical que a menudo se confunden entre sí dada la delgada línea que los separa. Entre ellos, el más frecuente es el duplicado o copia no autorizada, consistente en efectuar reproducciones de fonogramas para su comercialización sin autorización de los titulares de derechos. Se trata de un ilícito popularizado gracias al acceso generalizado a la tecnología digital que permite realizar duplicados sin pérdida alguna de calidad y sus principales manifestaciones, el top manta y las descargas no autorizadas, aun siendo de sobra conocidas no son las únicas ni las más gravosas para los derechos vinculados a la propiedad intelectual. Así, el plagio, el sampling, el cover o remake y los arreglos musicales, constituyen prácticas propias del mundo musical que precisan de tratamientos específicos dadas las dificultades para establecer sus límites y la intencionalidad creativa de sus autores.

Como es sabido, el arreglo musical es la modificación que se efectúa a una obra originaria para embellecer su línea melódica, pudiendo el mismo ser calificado como una mera transformación –las licencias obligatorias para uso de repertorio por entidades de gestión permiten efectuar los arreglos necesarios para adaptar la obra a la forma de interpretación del nuevo intérprete– o, en su lugar, como una obra derivada. Para ello será necesario que las alteraciones de la obra original tengan la entidad suficiente como para dar lugar a una segunda obra que, aunque también original, dependerá de la obra originaria en el sentido de que mantendrá algunos de sus caracteres esenciales. En tal situación, la obra protegida y la obra arreglada podrán convivir y ser objeto de explotaciones económicas independientes, siempre y cuando el titular de esta última haya solicitado la correspondiente autorización al titular de la obra originaria y le haya compensado por utilizar en la obra propia la esencia de la ajena.

El tema está de actualidad pues el Tribunal Supremo (“TS”) analiza en una reciente sentencia precisamente si un concreto arreglo musical constituye o no una obra derivada que requiera, para su explotación económica, de la correspondiente autorización de los titulares de la obra originaria.

En el supuesto en concreto, la discográfica Emi Music Publishing Spain, S.A. (“EMI”) quien compareció en el proceso como titular de los derechos de explotación de una seria de obras musicales –concretamente de los derechos exclusivos de reproducción en la modalidad de “reproducción de fragmentos inferiores a un minuto cuarenta y cinco segundos” y de transformación, incluida la incorporación en las bases de datos–, solicitaba que se declarara la infracción de tales derechos por la demandada, la mercantil Buongiorno Myalertcom, S.A. (“Buongiorno”), quien había reproducido para su posterior comercialización en formato ringtone –aviso sonoro de intento de comunicación para teléfonos móviles– el contenido de tales obras, en lo que suponía la fragmentación y, en determinadas ocasiones, la transformación de su contenido.

Debe manifestarse, al respecto, que la explotación de los ringtones se realizaba por la demandada en diferentes formatos: mediante tonos monofónicos –formados por una sola melodía, reproducida con tonos simples, que no permite varios sonidos a la vez–, polifónicos –compuesta la melodía por varias notas que suenan al mismo tiempo en forma de acorde, permitiendo una textura polifónica en la reproducción de fragmentos musicales compuestos– y en tono real, es decir, tal cual la obra se encuentra reproducida en el fonograma original.

La sentencia dictada en primera instancia realizó un exhaustivo examen de la actividad desarrollada por la demandada y del alcance de la licencia solicitada por ésta y concedida por SGAE, que le permitió concluir que los derechos de reproducción sobre las tres obras objeto de controversia fueron cedidos por sus autores y por el editor a SGAE para su gestión, y que la licencia otorgada por esta entidad de gestión a la demandada le permitía la fragmentación de la obra, en la medida en que el derecho de reproducción permite la reproducción tanto íntegra como parcial. Ahora bien, esta licencia no alcanzaba a cubrir determinadas adaptaciones de la obra que requerían como tales de la correspondiente autorización, siendo tal el caso de la adaptación de estas tres obras al formato de ringtones por haber necesitado de unos arreglos en los tonos de llamada que habían dado lugar a obras nuevas con diferencias esenciales respecto de las originales.

La Audiencia ratificó la valoración realizada por el Juez de lo Mercantil basándose en las mismas manifestaciones realizadas por el perito musical de la demandante que dieron lugar a la condena de instancia. Según el perito, “los arreglos supusieron, en el caso de los monotonos y los politonos relativos a las tres obras musicales objeto de este proceso, realizar una sinopsis armónica, melódica y estética de las mismas, que implicaba la labor humana (de una persona o de un equipo) de adoptar una serie de decisiones creativas (...) que consistieron, de modo resumido, en seleccionar fragmentos del original, en agrupar los elementos característicos para concentrarlos en un corto espacio temporal, en la introducción de adaptaciones tímbricas –adaptación de los sonidos al timbre electrónico– y la inclusión de variantes melódicas –mediante la supresión y el añadido de notas y la modificación de las originales– y armónicas, que determinaron una realidad acústica diferente de la obra originaria, aunque tratase de hacerse reconocible como ésta”.

Ante tales circunstancias, la demandada interpuso sendos recursos extraordinarios por infracción procesal y casación. Ciñéndonos a las cuestiones no planteadas hasta esta última instancia, la demandada discutió las conclusiones de la Audiencia Provincial por no distinguir la sentencia recurrida entre los tres tipos de ringtones y no otorgar, en consecuencia, un trato diferente a los tonos reales respecto de los demás. Así, según la demandada, la conclusión alcanzada por el Tribunal, según la cual la reproducción por un teléfono móvil a través de un tono de llamada de una parte literal de una obra preexistente supone la generación de una obra derivada, era a todas luces errónea. Añadía al respecto la demandada que precisamente el uso del tono real se encontraba amparado por la licencia otorgada por SGAE que, como se ha mencionado, comprende la reproducción parcial de las obras licenciadas.

A fin de dar solución al entuerto, el TS parte de una realidad indiscutible y es que no cualquier arreglo musical debe ser considerado una obra derivada, por existir modificaciones a la obra meramente técnicas y de escasa importancia cuya aplicación sobre la obra primigenia no implica la creación de una obra nueva y original a partir de ésta. Es labor del Juzgador, por tanto, apreciar el quantum de originalidad necesario para poder considerar que existe una transformación sustancial de la obra preexistente, que genere como resultado una obra derivada.

Basándose de nuevo en el informe pericial aportado por el actor, según el cual en la elaboración de los tonos reales “se había producido, además de la selección de un fragmento, una simplificación de la riqueza tímbrica de la originaria”, la Sala consideró que el resultado de tal proceso no podía calificarse de mera reproducción parcial de la obra musical originaria. Concluyó además el TS que la inclusión de las obras derivadas en la base de datos de Buongiorno constituía también una transformación de las obras originarias cuya explotación comercial no había sido autorizada por EMI.

La sentencia del TS supone, en definitiva, una nueva manifestación de las particularidades propias de las obras musicales y de la enorme casuística que se genera a su alrededor. En efecto, habrá que examinar con detalle cada supuesto en el que se altere la obra original antes de concluir si las alteraciones afectan únicamente al fonograma –ejecución, interpretación y producción– o si, por el contrario, el resultado difiere lo suficiente del original como para ser considerado una obra derivada.

Fuente
Boletín de Propiedad Intelectual Industrial y Nuevas Tecnologías...
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Autores

La foto de Blanca Cortes Fernandez
Blanca Cortés