A propósito del retiro voluntario de las AFP, no sólo resulta necesario que el usuario siga las recomendaciones que hacen las entidades estatales y privadas de proteger su fondo y evitar gastarlo; sino que, además, debe existir un serio conocimiento del usuario que los evite caer en delitos cibernéticos que puedan intentar contra su patrimonio o inclusive, su intimidad. A continuación, una descripción de una modalidad muy conocida que realizan los delincuentes cibernéticos con su posible consecuencia penal.
Acudir a un centro comercial y realizar pagos con tarjeta sin contacto, asumir que nuestro banco nos envía correos de actualización de nuestra cuenta bancaria, escanear códigos QR para mirar la carta en restaurantes son actividades cotidianas; sin embargo, detrás de ellas podrían existir situaciones que nos expongan a lesiones de nuestros bienes jurídicos y atenten en contra nuestra.
Parte de estas amenazas se relacionan con actividades por el uso de medios tecnológicos. Así pues, si bien el avance tecnológico supone el desarrollo de una sociedad, también es cierto que genera como toda actividad, riesgos permitidos y prohibidos. De esta manera, estas actividades que realizamos a través de medios tecnológicos han conllevado al incremento de delitos, sobre todo con la pandemia.
Si bien el Estado despliega una serie de canales que permitan luchar contra este tipo de delitos y prueba de ello es la creación de una Fiscalía Especializada en Ciberdelincuencia que trabaja de la mano con la División de Alta Tecnología de la Policía Nacional del Perú; también es cierto que no parece haber sido la solución para la disminución de estos delitos. Y eso tiene sentido, pues la lucha contra la criminalidad cibernética no se agota con la creación de Fiscalías, sino que merece un planteamiento por otros sectores que permitan mitigar estos riesgos.
Así pues, todos los actores tienen responsabilidad para proteger la identidad, el patrimonio, el honor o su intimidad; y parte de dicha responsabilidad debe recaer también en el ciudadano. La mejor manera que no se cometan estos delitos parte por la prevención y la denuncia oportuna, siendo estas responsabilidades del ciudadano.
Una de las formas más conocidas y realizadas por los delincuentes cibernéticos es el phishing, que no es otra cosa que el envío masivo de mensajes que, aparentan ser de fuente fiables pero que tienen como finalidad que el usuario proporcione datos confidenciales. Este tipo de casos ocurre con el envío de correos electrónicos que simulan ser de entidades bancarias y pretenden se ingresen los números de cuenta.
También se encuentra el carding, que viene a ser el uso ilegitimo de las tarjetas de crédito o de sus números, lo que permite que el delincuente utilice dichos números para efectuar compras a distancia por internet o realizar algún pago.
Estas formas de actuación son sancionadas en nuestro país, pudiendo cometerse, por ejemplo, el delito de suplantación de identidad, esto es, a quien por intermedio de las tecnológicas de información suplanta la identidad de una persona y le ocasiona un perjuicio, sancionándose esta conducta con una pena de hasta cinco años. O también el delito de fraude informático, que sanciona con una pena de ocho años a quien de forma deliberada e ilegítima procura el perjuicio de un tercero, mediante el diseño, introducción, alteración, supresión, borrado o clonación de datos informáticos.
Los delitos en mención no son los únicos que se regulan en nuestra legislación. De hecho, la ley de Delitos informáticos regula modalidades que sancionan los delitos contra los sistemas informáticos, contra el patrimonio, contra la intimidad, contra la fe pública; por lo que resulta necesario que, de ocurrir un evento, el usuario denuncie el atentado ante el Ministerio Público, y entregue toda la información posible que permita detectar la fuente o inicio del delito y promover la posible identidad de los autores.
Pero, así como es necesaria la denuncia oportuna, también es vital tomar en cuenta recomendaciones de la mano de la prevención. De esta manera, se recomiendan entre otras cosas que: i) el usuario verifique previamente si la cuenta de correo electrónico es de su banco; y en caso de duda, es preferible no ingresar; ii) evitar asumir que nuestro banco se comunica con nosotros para actualizaciones de datos; iii) evitar entregar la tarjeta de crédito o débito al momento de realizar un pago; iv) proteger la tarjeta con un papel por encima de los números a fin de evitar se tomen fotografías al plástico; entre otras.