Los criterios ESG se refieren a factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo que se toman en cuenta a la hora de invertir en una empresa. Este enfoque sirve para captar las repercusiones económicas a largo plazo de ciertos factores poco tradicionales. Como resultado, los inversores prefieran empresas o fondos que establecen como objetivo resultados sociales y ambientales específicos.
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El movimiento moderno por la inversión sostenible comenzó a tomar fuerza a finales de los años 90, con el desarrollo de la inversión socialmente responsable. La inversión sostenible es aquella que suma a los criterios financieros las preocupaciones ambientales, sociales y de buen gobierno. Este modelo distingue a las empresas por su estrategia en materia de sostenibilidad y viene tomando importancia en los últimos años. Y es ahí cuando surgen los criterios ESG (environmental, social and governance, por sus siglas en ingles).
¿Qué se entiende por criterios ESG?
Los criterios ESG se refieren a factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo que se toman en cuenta a la hora de invertir en una empresa. En la práctica, hacen referencia a los factores que convierten a una compañía en sostenible a través de su compromiso social, ambiental y de buen gobierno, sin descuidar los aspectos financieros. Se centran en asegurar que los directorios aborden temas como el cambio climático, la economía circular, el cuidado del agua; hasta condiciones de trabajo, la diversidad de empleados y la desigualdad de género, así como, el impacto que una determinada empresa tiene en su entorno social. Este enfoque sirve para captar las repercusiones económicas a largo plazo de ciertos factores poco tradicionales.
Esta tendencia, que en la práctica ha llegado para quedarse, ha llevado a que los inversores prefieran invertir en empresa o fondos que establecen como objetivo resultados sociales y ambientales específicos.
Con el contexto actual de la pandemia, hay una creciente preocupación sobre como cuidar el planeta en el vivimos. Y el Perú no es ajeno a esto. El desafío es claro: las empresas deben tomar un rol más activo frente al cambio climático y en la sociedad. Esto es, lograr un impacto positivo además de rentabilidad financiera.
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