No es una exageración decir que, al menos en Colombia, los horarios de atención al público ofrecidos por los establecimientos de crédito, son limitados y pueden no ser convenientes. Lo anterior ya que todos cierran, a más tardar, apenas se pone el sol.
Si bien puede que esto le sea indiferente a la mayoría de las personas, dado que normalmente no tienen necesidad de acudir a una sucursal bancaria a altas horas de la noche, y tienen un cúmulo de instrumentos tecnológicos para acceder a distancia a los servicios bancarios, hay una serie de comercios que, por su naturaleza, operan de noche y manejan grandes sumas de dinero en efectivo, por lo que requieren que exista la posibilidad de depositar esas sumas a cualquier hora. Especialmente porque en un país como Colombia, en el que, aparentemente, el horario laboral de los bandidos se incrementa cuando se esconde el sol, el tener efectivo consigo mismo constituye un enorme riesgo.
Por muchos años, la figura del depósito nocturno fue la salvación contra dichas amenazas para miles de discotecas, restaurantes, supermercados 24 horas, bares, hoteles, y todo tipo de establecimientos de comercio que atienden en horario extendido y suelen recibir pagos en efectivo. Y aunque había que desplazarse unos metros o cuadras para llegar al cajero, era posible hacerlo en forma prudente y con una custodia adecuada. Sin olvidar que clientes especialmente importantes, como grandes supermercados, podían llegar a estar conectados directamente desde sus oficinas de caja a las bóvedas del banco.
Frente a este servicio, nuestro fundador, Sergio Rodríguez Azuero, en la tercera edición de su libro Contratos bancarios: su significación en América Latina, publicado en marzo de 1985, decía que las consignaciones nocturnas permitían que los clientes del banco pudieran acceder a las bóvedas de aquel en horas donde no había servicio. También explicaba que dichos depósitos se valían de un ducto que conectaba la caja fuerte del banco con una puerta de seguridad que daba a la calle, y en la que el usuario, mediante la utilización de una llave o de cualquier otro mecanismo previamente suministrado por el banco para lograr la apertura del compartimiento, depositaba los sacos de efectivo debidamente identificados. Al día siguiente, el banco procedía a revisar los billetes acompañado de un empleado autorizado del cliente, y si encontraba todo en orden, procedía a hacer el depósito en la cuenta bancaria de la persona propietaria hasta ese momento de los dineros depositaos en los sacos o sobres.
Ahora, ese sistema suponía un proceso. Los contratos celebrados entre el establecimiento de crédito y el usuario para la prestación del servicio en cuestión normalmente decían, como es natural, que el primero sólo adquiría responsabilidad sobre el dinero depositado después de que expedía el recibo de consignación en la cuenta bancaria. Dicho de otro modo, si el dinero se perdía por causa ajena al Banco, después de haberlo arrojado por el ducto, pero antes de que el banco lo recibiera y abonara en la cuenta del cliente usuario del servicio de consignación nocturna, era este último quien asumía la pérdida.
Actualmente, gracias al uso generalizado de tarjetas débito y crédito, y a la proliferación de plataformas digitales, que permiten transferir fondos de una institución bancaria a otra en instantes, el uso del efectivo ha disminuido, aunque Colombia registra volúmenes de utilización de dinero en efectivo como medio de pago, muy superiores a los países de su tamaño. Como consecuencia, la demanda por el servicio de consignaciones nocturnas fue disminuyendo gradualmente.
Ahora, si bien hoy en día, los comercios aceptan muchos otros medios de pago alternativos al efectivo, el uso de papel moneda en establecimientos que atienden en horario extendido, sigue siendo bastante popular. Esto, a su vez, significa que la demanda por hacer consignaciones por fuera del horario de atención regular del banco, para así hacerle el quite a todos los riesgos que implica cargar efectivo, sigue estando latente.
Por parte de los establecimientos bancarios, si bien ya no se ofrece el servicio de consignaciones nocturnas como funcionaba anteriormente, existen unos tipos de cajeros que están permanente encendidos y que aceptan consignaciones en efectivo. Con estas máquinas, apenas se ingresan los billetes, el riesgo por su pérdida cae en cabeza del establecimiento de crédito, y se emite un recibo en el que se da cuenta de los detalles de la recepción.
Sin perjuicio de lo anterior, la funcionalidad de estos cajeros, llamados multifuncionales, es limitada y no soluciona del todo el problema al cual se ha hecho alusión, dado que reciben una cantidad relativamente pequeña de billetes.
Para hacerle frente a esto, ciertas empresas transportadoras de valores (“ETV”) han diseñado sistemas de digitalización de efectivo, los cuales tienen como protagonista a ‘cajas fuertes inteligentes’. Estos aparatos son instalados por la ETV dentro del local comercial de la persona que contrata el servicio de digitalización, y sus mayores virtudes radican en que, apenas el empleado pone los billetes en la bandeja, se emite un recibo en el que se da cuenta de los detalles del depósito. También, apenas sucede esto, se hace un abono automático en la cuenta bancaria que haya sido inscrita por quien contrató el servicio. Posteriormente, los agentes de la ETV llegan al local, abren la caja, y se llevan los billetes en sus carros blindados. Otro punto resaltable de este tipo de bóvedas, es que se programan de acuerdo a los ingresos del cliente, como consecuencia, éste obtiene una solución integral y no limitada como ocurre con los depósitos en los cajeros multifuncionales.
Dicho de otra manera, con estas cajas fuertes inteligentes, a la ETV receptora del efectivo se le traslada todo el riesgo por pérdida del efectivo, apenas acepta los billetes que el empleado le deposita. Esto significa que, si llega a ocurrir algún evento que implique la desaparición de lo depositado, como el robo de la caja fuerte, quien asume la pérdida no es el comercio sino la ETV, en contraposición con lo que ocurría con los depósitos nocturnos de antaño. Con estas cajas fuertes inteligentes, al haber un abono automático en la cuenta bancaria del que contrata el servicio, éste también se ahorra el inconveniente tiempo de espera entre el depósito por el ducto y la comprobación de lo depositado por parte del banco.
En síntesis, las cajas fuertes inteligentes son dignas herederas del servicio de consignaciones nocturnas, el cual, por muchos años, permitió el adecuado desarrollo del comercio nocturno en Colombia.