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El uso de la Inteligencia Artificial -IA parece estar acercándose a diversos aspectos de nuestra vida y nos tiene a todos pensando en las consecuencias y retos que ésta implica.
El concepto no es nuevo, pero ahora que está más cerca de nosotros algunos ya hemos empezado a mirar más de cerca las formas en las cuales la IA puede afectar, para bien o para mal, la manera en la que trabajamos y en la que vivimos.
Lo primero que debemos decir es que la IA no “crea”, por lo menos no todavía. El concepto base para la IA es “machine learning”, es decir, alimentar con información a una máquina para que, de acuerdo con lo que la hemos nutrido, sepa cómo reaccionar a una situación, desarrollar un contenido o responder a una pregunta.
Y ahí está el quit de lo que les quiero hablar hoy. Los materiales, contenidos, información y ejemplos con los que se entrena a la máquina pueden incluir obras protegidas por la propiedad intelectual. ¿Cómo manejar esta situación?; ¿Debería estar esto permitido?
Ya ha habido casos en los cuales artistas visuales han reclamado a los desarrolladores de plataformas de AI que han usado obras de arte creadas por ellos para entrenar a sus máquinas. Getty Images, una importante agencia de fotografía reclamó también el uso de sus fotografías (obras protegidas por los derechos de autor) utilizadas para entrenamiento de Stable Diffusion un modelo de IA generativa que produce imágenes fotorrealistas únicas a partir de mensajes de texto e imágenes.
Y entonces llegamos a la fina y delicada frontera de la copia frente a la inspiración. En derechos de autor existe el concepto de obra derivada, es decir, una nueva obra basada en otra ya existente. Los derechos de la obra inicial se transmiten a la nueva. Pero a éste se le contrapone el concepto de “fair use”, es decir las excepciones bajo las cuales un creador puede utilizar obras de terceros para crear las suyas propias (bajo ciertas condiciones claro está).
En el caso de Stable del que hablamos arriba, la compañía ofreció que, en la próxima versión de la herramienta, los creadores pueden solicitar que sus obras sean retiradas del catálogo con el cual entrena la máquina. Esto no es suficiente de acuerdo con los estándares de protección de derechos de protección intelectual actuales. Decir “voy a usar tus obras y si no estás de acuerdo dejo de hacerlo” me parece insuficiente.
En ese contexto tenemos entonces el potencial inconveniente de que los contenidos generados mediante IA para la próxima campaña de mercadeo, los contenidos técnicos cosechados en una búsqueda de Internet de trabajos anteriores o estado del arte, usados para un nuevo desarrollo, los textos de una conferencia, todos podrían tener un dueño.
Y claro, este problema no es nuevo y no es creado por la IA. El uso no autorizado de materiales (inadvertido o doloso) existe desde siempre. Pero lo que puede ser engañoso es considerar que como los materiales o contenidos y resultados de una investigación los “creó” una máquina, son nuevos y novedosos y por tanto pueden ser usados sin mirar un poco más allá.
Esto no significa no explorar cómo la IA puede ayudar a su empresa., y no importa el tamaño del proyecto. De hecho, la IA puede ser muy eficiente en pequeñas empresas y emprendimientos que no tienen tantos recursos o en grandes multinacionales en las cuales el volumen de las operaciones y procesos implican esfuerzos titánicos.
En CMS creemos que estas herramientas llegaron para quedarse y cambiarán muchos aspectos de la forma en la que trabajamos. Ya hemos apoyado empresas en el desarrollo de protocolos de manejo de Inteligencia Artificial que contienen provisiones relacionadas con propiedad intelectual, manejos éticos, datos personales, entre otros.